La chica poltergeist fue el apodo que se le dio a Leonice Fitz, una joven brasileña fallecida a los 35 años. Cuando tenía 13 años, vivía en una zona rural de Rincão da Boa Vista, Santa Rosa, y se decía que tenía la capacidad de fundir focos, mover las sábanas, romper muebles y producir ruidos extraños sin siquiera tener que tocar nada...
Emma Fitz, la madre de la niña, siempre presintió que su hija era sumamente diferente de los demás niños, y la vida no hizo más que confirmárselo...
Finales de 1980
Un día laboral como cualquier otro, el locutor de radio Luis Evadis Rodríguez recibió una llamada de una pareja que no era otra que la de los padres de Leonice. Estos buscaban ayuda y cierta asistencia económica, argumentando que invertían tiempo y dinero en reparar las cosas que su hija rompía en casa. Además, aseguraban que la niña llegaba a asustar a sus compañeros de clase y que, por lo tanto, se le había prohibido asistir a la escuela durante un tiempo.
Luis y sus colegas no tardaron en visitar la casa de la familia para intentar averiguar la razón del extraño comportamiento de la niña. El propio locutor afirmó que, durante aquellas visitas, no faltaron los sucesos inexplicables: el colchón de la cama de la niña se levantaba, se escuchaban ruidos, los platos se rompían de la nada y las sábanas envolvían a Leonice como si hubiera fantasmas involucrados.
En una ocasión, afirmó haber estado sentado junto a su entonces esposa sobre unos baúles que pesaban aproximadamente 30 kilos. Según su relato, ambos objetos comenzaron a elevarse, lo que lo dejó completamente sorprendido.
«Mi exesposa y yo estábamos sentados en uno de esos viejos baúles, que pesaban unos 30 kilos, y entonces... ocurrió la escena. ¡Dios mío! De la nada, el baúl comenzó a elevarse aproximadamente 30 centímetros».
Según sus declaraciones, la niña era poderosa, pero incontrolable. Sin embargo, más allá de lo extraño del caso, Leonice era completamente normal en su vida cotidiana. La describió como una persona dulce, risueña y de espíritu rural, que llevaba una vida sumamente humilde junto a su familia.
Pronto, el caso obtuvo mayor difusión. No eran pocos los periodistas que visitaban la pequeña casa de la familia, interesados en cubrir el hecho. Los padres recibían a los periodistas con amabilidad y hospitalidad, y estos no tardaban en entrevistar a Leonice.
Fue precisamente durante una de estas entrevistas cuando ocurrió algo bastante peculiar: uno de los periodistas le pidió a la niña que hiciera una demostración de sus supuestos poderes.
En ese momento, según los relatos, Leonice se acostó en su cama y se cubrió con una sábana. Justo entonces, el colchón se levantó de un lado y las sábanas comenzaron a moverse solas.
(Pueden encontrar el vídeo original en YouTube).
Cuando le preguntaron qué otras cosas podía hacer, comenzaron a escucharse extraños ruidos de rasguños en las paredes de la casa.
Según Elodio Zorzetto, un periodista que formó parte de los numerosos equipos que acudieron a cubrir el caso, la familia nunca le pareció culpable de fraude ni creyó que estuviera intentando ganar fama. Por el contrario, interpretó la disposición de los padres a recibir a los medios de comunicación como un grito de auxilio ante la incertidumbre de no saber qué hacer con su hija.
«Vi que los miembros de la familia eran sencillos y estaban muy preocupados por la vida de su hija, porque no sabían qué iba a pasar. Querían una vida normal, así que pedían ayuda. Ese era su objetivo: eran personas que querían una vida normal, como todos los demás. Y ella no tenía una vida normal, ni tampoco su familia. Tanto es así que, por eso, se aislaron y no se integraron en la comunidad».
Nuevos sucesos (22 de abril de 1988)
Debido a los nuevos episodios que habían afectado a la familia, los padres de Leonice se vieron obligados a buscar ayuda nuevamente.
El caso llegó a oídos del padre Edvino Friderichs, especialista en la investigación de fenómenos sobrenaturales. Este viajó hasta Santa Rosa y, tras analizar a la niña, catalogó el caso como uno de parapsicología. Es decir, consideró que se trataba de un caso de presunta telequinesis, en lugar de los fenómenos sobrenaturales que muchos curiosos atribuían a la situación.
El padre afirmó haberle realizado sesiones de relajación basadas en la sugestión del subconsciente.
Básicamente, se trataba de hacerla imaginar distintos escenarios. :^
Sin embargo, según los reportes, Leonice continuó experimentando aquellos episodios como si nada hubiera pasado. Incluso llegaron a intensificarse.
Sus padres viajaron hasta Porto Alegre, donde se encontraba la residencia del padre Edvino, para que este volviera a realizar aquellas sesiones con Leonice. Le enseñaron a calmar su mente, a no distraerse y a imaginar escenarios positivos.
No obstante, el padre Edvino advirtió la ligereza con la que Leonice se tomaba la situación. Cada vez que utilizaba sus supuestos poderes, la niña se burlaba de las consecuencias que provocaba. Esto no era algo nuevo: una de las razones por las que se le había prohibido asistir a clases era que, según se decía, disfrutaba molestando a sus compañeros. Hacía volar sus gorras a propósito y también se reía cuando los focos de su casa explotaban. Al parecer, solo la paciencia de su padre conseguía hacerla reflexionar.
«El problema es que se ríe cuando esto sucede, porque no tiene idea de que se trata de un problema físico y psicológico».
El caso también atrajo a curiosos que intentaban colarse en la casa de la familia, lo que los obligó a consultar a las autoridades. Estas establecieron ciertas restricciones para quienes quisieran acercarse a la zona. Los propios padres de Leonice también instalaron protecciones en la vivienda.
Los años adultos y los últimos años de Leonice.
Ya adulta y con más experiencia de vida, Leonice decidió mantenerse alejada de toda aquella exposición mediática. Llevó un estilo de vida sumamente reservado, consiguió un trabajo común y corriente como empleada doméstica y, posteriormente, se dedicó a las prácticas espirituales. También contrajo matrimonio y se mudó a la zona céntrica de Santa Rosa.
Durante más de 14 años no se supo nada de ella, hasta que volvió a aparecer en una entrevista realizada en 2002 o 2010, según las fuentes que consulté. El caso fue cubierto por diversos medios brasileños y contó con la presencia de algunos periodistas que habían informado sobre Leonice durante su infancia.
La propia Leonice afirmó que todavía podía utilizar sus poderes y que no había olvidado la exposición mediática a la que la habían sometido a tan temprana edad. Según sus declaraciones, aquel episodio de su vida aún la carcomía y seguía lamentándose por lo sucedido.
En aquella ocasión, expresó su dolor con una pregunta:
«¿Por qué nací diferente de los demás?».
Lamentablemente, Leonice falleció el 26 de junio de 2010, tras una larga lucha contra el cáncer de huesos, dejando un gran caso que resolver. Tenía apenas 35 años.
Que descanses en paz Leonice fitz, siempre serás recordada más allá de tu caso como la chica humilde, risueña y reservada que siempre fuiste.


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