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sábado, 3 de octubre de 2026

¿Haz visto al hombre gato? – Especial Halloween

 

A solo un año del final de la última dictadura militar, el país apenas estaba recuperando su democracia. Sus ciudadanos no esperaban volver a encontrarse con el miedo en las calles, esta vez debido a lo que en ese momento parecía ser casi un asesino serial.





Brandsen, Buenos Aires, 1984.


Una pequeña ciudad ferroviaria que tenía el privilegio de ser sumamente tranquila. Un profundo privilegio después de haber sido fuertemente golpeada por la dictadura cívico-militar antes mencionada y de haber vivido otros sucesos trágicos con anterioridad, como la Masacre de Brandsen, la Operación Rastrillo o el hallazgo de personas sin vida en las calles.

Los vecinos, que solían conocerse bien entre ellos, ya recuperándose de lo sucedido, no esperaban que el horror regresara a las calles.

Todo comenzó con rumores sobre sucesos extraños durante la noche. Muchos afirmaban escuchar ruidos fuertes sobre los techos, arañazos en puertas y ventanas, siseos y maullidos extraños.


Lo que en un principio parecía ser una simple confidencia, una charla entre vecinos, no tardó en convertirse en algo mucho mayor. Los testimonios comenzaron a aumentar y la pequeña ciudad terminó quedando en el ojo de los medios periodísticos.

Captura de titular del diario Popular


Una pareja entrevistada para televisión por Crónica TV afirmó abiertamente haberlo visto. Lo describieron como un hombre alto, vestido de negro, que saltaba, llevaba guantes con grandes uñas hechas de hierro y desaparecía antes de que pudieras decir algo.


La situación no hizo más que empeorar.


El 4 de agosto del mismo año, una chica de 22 años denunció haber sufrido una agresión física por parte de un hombre con características similares.

La joven relató que se encontraba durmiendo tranquilamente en su domicilio cuando, según los diarios de la época, el extraño habría ingresado a la vivienda hasta llegar a su habitación.

La víctima describió que el sujeto llevaba una máscara semejante a la cabeza de un gato, con orejas puntiagudas y bigotes largos. También llevaba guantes terminados en largas uñas hechas de hierro. Cuando la atacó, aquella singular figura habría soltado un maullido aberrante antes de desaparecer.


Otro giro definitivo llegó con la denuncia de otra mujer, quien afirmó que el Hombre Gato había entrado en su habitación con la intención de abusar de ella.

Al declarar, describió características similares a las mencionadas en los testimonios anteriores: un hombre vestido de negro, con una máscara y guantes con uñas de hierro.


Uno de los primeros apodos que recibió esta extraña figura fue “El Gato Montés”, debido al titular de una noticia de Crónica: “Brandsen, aterrorizado por el gato montés”.

Sin embargo, fue el periódico Popular el que utilizó en uno de sus titulares el sobrenombre de “Hombre Gato”. (Como habrán visto en la captura del titular anterior)


El apodo no tardó en formalizarse y comenzó a utilizarse en radios, televisión, titulares de diarios y conversaciones cotidianas. Al mismo tiempo, esto ejerció una enorme presión sobre las fuerzas policiales, que no lograban encontrar un sospechoso ni pruebas contundentes que permitieran identificar al atacante.


Durante esos días de incertidumbre, el 5 de agosto de 1984, una llamada llegó hasta una oficina policial de Brandsen.




La conversación fue más o menos así:


—Hola, soy el Gato.


—¿Y cómo sabemos que no sos algún tarado queriendo molestar?


—Le estoy diciendo que soy el Gato. Le hablo desde el teléfono 22-813.


Parecía ser un golpe definitivo.


La policía rastreó la llamada y fue llevada hasta la casa de un hombre de Brandsen que trabajaba como docente. El hombre aseguró a los oficiales que, efectivamente, ese era su número telefónico, pero que la línea había estado fuera de servicio durante cierto tiempo y que no recordaba haber realizado ninguna llamada desde su casa.

Esto dejó a los oficiales completamente atónitos.

El extraño Hombre Gato parecía estar superando cualquier método de investigación formal.


La histeria colectiva y la búsqueda implacable de culpables.


El miedo de los vecinos crecía con cada nueva descripción y cada supuesto avistamiento. Esto llevó, en algunos casos, a que comenzaran a culparse y denunciarse entre ellos sin pruebas.

El miedo llegó a un punto inimaginable. Los vecinos ya casi no confiaban en la policía y, durante las noches, solían organizarse en grupos para salir a las calles armados con cuchillos, piedras, palos, machetes y otros objetos, con la esperanza de ponerle fin a aquello.


La policía también intensificó las patrullas, que para ese punto estaban pensadas casi como grupos de búsqueda.


Hubo varias ocasiones en las que los grupos de vecinos y los agentes policiales llegaron a confundirse entre sí, situaciones que estuvieron cerca de terminar en tragedia.




También se llegó a decir que algunas personas dejaban completamente pelados los árboles de sus casas y aquellos que se encontraban en las veredas, por temor a que el Hombre Gato pudiera utilizarlos para emboscarlos durante la noche.


Hubo dos famosos casos de denuncias falsas.

Uno de ellos tuvo como protagonista a un boxeador del barrio. Su altura, su apariencia y su costumbre de entrenar durante la noche en la calle hicieron que algunos vecinos comenzaran a señalarlo como el culpable.


Una noche, la policía llegó a rodearlo bajo la acusación de haber entrado en una vivienda. Sin embargo, la propietaria salió en su defensa y explicó que ambos eran parientes y que ella misma lo había invitado a pasar un rato.


Otro caso famoso fue el de un profesor de karate de la zona.


Aunque comenzó como una simple sospecha, pronto llegó a la policía. El profesor se mantuvo a la defensiva y hasta habló públicamente en los medios para afirmar que no tenía ninguna relación con la temida figura.


También habló sobre la delgada línea entre la histeria colectiva que se había generado y la persecución del supuesto Hombre Gato.




Teorías conspirativas y otros avistamientos.


A medida que aparecían todavía más testigos, comenzó a surgir una pregunta:


¿Y si el Hombre Gato no era una sola persona?


Algunos hablaban de simples avistamientos. Otros, de ataques. Incluso había testimonios que se contradecían entre sí.

Comenzaron a circular distintas versiones: que se trataba de simples personas disfrazadas, algún fenómeno paranormal, una mafia o incluso algo mucho más extraño.


Pero la teoría más llamativa fue el rumor sobre una supuesta secta satánica brasileña.

(Ojito con los tintes xenófobos, exóticos y de fanatismo religioso que aparecen en esta última teoría.)


Otros llegaron a argumentar que todo podía tratarse de una redada del gobierno.


Esta teoría resulta particularmente llamativa cuando recordamos la forma violenta en que muchas víctimas de la dictadura eran llevadas a centros clandestinos. Sin entrar en demasiados detalles, estos operativos podían implicar allanamientos de viviendas y el secuestro de personas, llegando en algunos casos a afectar también a sus familiares.

Esto coincidía, al menos superficialmente, con algunos de los testimonios sobre el Hombre Gato, quien supuestamente ingresaba en las viviendas de los vecinos y los acosaba dentro de sus propios hogares.


Sin intención de cuestionar las experiencias de las personas implicadas, no pude evitar hacerme una pregunta: ¿El miedo que todavía quedaba de la dictadura pudo haber tenido alguna relación con la creciente histeria colectiva alrededor de esta figura?

¿Pudo ese contexto influir en la forma en que se construían los rumores y las teorías conspirativas, especialmente aquellas que señalaban a grupos colectivos como mafias, sectas o incluso al propio gobierno?


No afirmo que una cosa haya causado la otra. Pero el contexto resulta, como mínimo, interesante.

Regresando al asunto original


Los rumores no hicieron más que ayudar a que la historia del Hombre Gato trascendiera mucho más allá de la pequeña ciudad de Brandsen.

Comenzaron a reportarse supuestos avistamientos en otras ciudades y barrios de Buenos Aires, como Monte Grande, Burzaco, Esteban Echeverría y distintos sectores de La Plata.

Cada nuevo relato ampliaba un poco más la historia, hasta convertirla en una especie de leyenda provincial.


Aunque, si nos limitáramos a Buenos Aires, nos quedaríamos cortos.


La histeria colectiva llegó incluso al interior del país.


Según me contó mi abuela, originaria de Catamarca al igual que yo, en algunos barrios la gente también solía dejar los árboles completamente pelados por temor a que el Hombre Gato pudiera esconderse en ellos.


La supuesta muerte del Hombre Gato

¿Desapareció?


A finales de diciembre de 1984, el diario Popular aseguró que uno de los supuestos Hombres Gato había sido abatido y asesinado durante una pelea en Ezeiza.



Sin embargo, nunca hubo una confirmación clara ni pruebas concluyentes de lo sucedido.

Las denuncias tampoco terminaron inmediatamente. Con el paso del tiempo, sin embargo, comenzaron a ser tomadas como casos aislados.

Los avistamientos fueron disminuyendo poco a poco hasta desaparecer casi por completo.


Para el año siguiente, prácticamente nadie parecía hablar de lo ocurrido. Las denuncias se volvieron cada vez menos frecuentes, hasta desaparecer a principios de febrero.


Y así quedó un misterio que, hasta el día de hoy, sigue dando vueltas:


¿Quién —o qué— era realmente el Hombre Gato?

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